Unforgiven (Sin perdón)

Sin Perdón. Clint Eastwood

Nunca doblegado. Nunca roto

Western irrepetible de la década de los noventa. Completa la que para mí es la mejor tetralogía de la Historia del género.

Comenzó con un Clint Eastwood mudo y deudor en parte del cine de Leone con la magnífica Infierno de Cobardes, encarnando a un tipo con menos escrúpulos que Lucas en su última trilogía. Siguió con el que para un servidor es el mejor western de la Historia del Cine: El fuera de la ley. Aquí anticipa, tras un emotivo monólogo ante el jefe diez osos, el giro absoluto de sus siguientes westerns. Continuó con El jinete pálido en el que un héroe más astuto y reflexivo vuelve a llenar la pantalla con los disparos de siempre. Terminó con Sin Perdón, obra crepuscular con un Clint Eastwood que recuerda quién fue y porque está donde está.

La guerra de las galaxias del western sin yodas ni anakines y sin repetir los personajes. Primavera, verano, otoño e invierno.

La secuencia de su entrada escopeta en mano entre la penumbra... acojonaría hasta al mismísimo Satanás. No ha habido en la Historia del western un tío que cada vez que se calaba el sombrero, miraba a cámara y ponía su cara de totem... no hiciese temblar al tipo más duro a este lado del río Missouri. El arquetipo nietzeniano de vaquero sin duda lo encarnaría Clint Eastwood. John Wayne a su lado, y siento decirlo, parece un chiste.

Además Eastwood supo rodearse de uno de los mejores repartos de su carrera. Richard Harris siempre será uno de mis actores favoritos y hay que reconocer que lo borda como el inglés cabrón que es; Hackman se vuelve más ácido y cabroncete a medida que avanza el metraje, metiéndole a Clint la paliza de su vida (hay que tener huevos), por tanto Oscar merecidísimo. Morgan Freeman es el trébol de cuatro hojas de Clint Eastwood. En cada colaboración Morgan se arranca una hoja y la convierte en un Oscar; el único que pierde algo de aceite es nuestro imberbe sanguinario, pero a pesar de ello el reparto es sensacional, incluyendo, claro está, a las señoras prostitutas.

La secuencia principal de la película se produce en el pequeño cañón donde acorralan a los vaqueros. Los gritos, las dudas y la mala puntería, más la renuncia de Freeman, definen perfectamente el espíritu del filme. La última escena del tiroteo es generosa en cuanto a la estética: Eastwood siempre ha sido el cineasta americano que mejor ha sabido enseñar a los gentiles la manera más realista de disparar unos balazos a la mayor velocidad que permite la razón.

Después de Sin perdón tan sólo Jarmusch con la singular Dead Man, Kevin Costner con Open Range y Tarantino con Django, desencadenado, han brindado a la grada obras dignas de aplauso. Y es que el listón está muy alto. Parafraseando a Hegel... "me gustan los huevos crudos... naturalmente." Txarly (China) Filmaffinity


Trailer: Sin Perdón