Major Dundee

Major Dundee. Sam Peckinpah

El inestimable preludio de una obra maestra

Casi todos los adeptos a Sam Peckinpah coincidimos en que Mayor Dundee no es, quizás, una de sus mejores pelis. De entre sus muchos westerns yo lo situaría, por ejemplo, a un peldaño de La balada de Cable Hogue y a dos, obviamente, de Grupo salvaje.

Con todo, Major Dundee me parece una buena película. Mejor dicho, una muy buena película. Y lo apunto así, con tanto convencimiento y firmeza, porque considero que más allá de sus virtudes y sus defectos Major Dundee es -por así decirlo- un bosquejo. Un inestimable preludio de ese peculiar y genuino libreto de estilo que Peckinpah empezó a definir a partir de Grupo salvaje y que, muy poco después, lo confirmó como uno de los mejores cineastas norteamericanos de la década de los setenta.

Y aunque yo también hecho de menos en esta peli esos zooms y ralentís tan peckinpahianos, otros muchos rasgos característicos de su autor -tanto o más significativos, incluso- son perfectamente identificables en Major Dundee. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a su atracción por la violencia física o verbal, a su indisociable misoginia o a su pertinaz empeño en componer personajes descorazonados, escépticos y -por que no decirlo- incluso despiadados. Personajes que poco o nada tienen que ver con la clásica visión maniqueísta del viejo oeste y que tan sólo mantienen fuertemente arraigados determinados y muy puntuales códigos de honor. Todo ello lo podemos advertir, obviamente, en el tremendo duelo interpretativo que mantienen a lo largo de la peli Dundee (Charlon Heston) y Tyreen (Richard Harris). Dos adversarios, antaño amigos, cuyos tensos diálogos preludian -como antes decía- la nostálgica, áspera y crepuscular poética de Grupo salvaje. Un film que jamás habría logrado tanta repercusión en la historia del western si cinco años antes Peckinpah no hubiera colocado esa primera piedra que lleva por nombre Major Dundee. De eso estoy completamente seguro. Taylor (Terrasa) Filmaffinity