Clint Eastwood

El Jinete Palido. Clint Eastwood

La violencia, la soledad y la fatalidad son los grandes temas de sus películas. Pero sobre todo la redención, en un cineasta que precisamente parece querer redimirse de la imagen que tenía hace poco más de una década. Por aquel entonces Eastwood era conocido por el Magnum 44 y por el revólver que enfudaba en todos sus westerns. Protagonizaba subproductos como Joe Kidd, y todos sus personajes eran tipos impasibles y toscos que apenas movían un músculo de la cara.

Los tres spaghetti western que Clint Eastwood rodó en Almería a las órdenes de Sergio Leone son apreciados hoy en día por selectos cinéfilos, y homenajeados por Tarantino y otros cineastas de prestigio. Por aquel entonces, Clint Eastwood era el candidato ideal para que el italiano Leone, interesado en un actor estadounidense que diera nombre a sus carteles, lo reclutara para protagonizar Por un puñado de dólares, una producción de poco presupuesto, versión en clave de Yojimbo, de Akira Kurosawa. El éxito del filme propició dos secuelas, con más medios y otros actores internacionales, pues Lee Van Cleef se incorporó a la saga en La muerte tenía un precio y Eli Wallach, en El bueno, el feo y el malo. Sin lavarlo siquiera, Eastwood usó el mismo poncho en las tres películas, que daban un aire nuevo al género, incorporando humor, personajes heroicos propios del cómic, y tiroteos propios de los recuerdos infantiles de las grandes obras del género.

Si su encuentro con Sergio Leone fue crucial para la carrera de Eastwood, igualmente de importante fue su trabajo con el estadounidense Don Siegel. Es bien sabido que Unforgiven, traducida al castellano como Sin perdón, está dedicada a ambos directores.

Para no depender del todo de los grandes estudios, y poner en marcha el western Cometieron dos errores, dirigido por Ted Post, en 1968 Clint Eastwood fundó su propia productora, que se llamó Malpaso, al igual que su rancho de California, Malpaso Creek, donde una laguna situada en medio del terreno dificulta el paso. Desde ese momento Eastwood coprodujo a través de Malpaso todas sus películas, hasta que en 1971, decidió dar un buen paso, hacia la dirección. Su debut tras las cámaras fue Escalofrío en la noche, seguido de High Plains Drifter, traducida como Infierno de Cobardes, el primer Western donde es actor y director al mismo tiempo. Papel que se repetiría infinidad de veces en su carrera y en innumerables western de buena tienen calidad como Joe Kidd, El fuera de la ley donde da vida a Josey Wales, y El jinete pálido, deudora de títulos clásicos como Raíces profundas. A partir de aquí, la crítica empezó a considerarle "el último cineasta clásico". Su siguiente obra maestra fue Unforgiven, una visión desmitificadora y crepuscular del western reconocida por la Academia con cuatro Oscars, incluyendo mejor director y mejor película.

Tenía por entonces 62 años, pero Eastwood seguía tan en forma que se mantuvo toda la década de los 90 y el inicio del nuevo milenio en el candelero, con películas muy diferentes.

Mi trabajo es contar historias, no importa de qué trate ni a qué género ni época pertenezca. Me atrae hacer cosas nuevas", ha comentado.

Como actor, director, o ambas ocupaciones, ha seguido combinando productos que han consagrado a Clint Eastwood como uno de los grandes del séptimo arte. www.decine21.com